Semana del Torrontes: un blanco singular, 100% argentino

La Semana del Torrontés 2020 se celebra del 12 al 19 de octubre en todo el país con muchas actividades, especialmente en las provincias vitivinícolas que lo elaboran -La Rioja, Salta, Mendoza- y también en modo virtual.

En el mundo vitivinícola, cada país, cada región, quiere diferenciarse en una búsqueda de identidad; además del Malbec, la Argentina encontró en el Torrontés Riojano el cepaje blanco emblemático; variedad originada en el país, con un desarrollo único en Argentina y un enorme potencial.

Según Carlos Catania, del Centro de Estudios Enológicos del INTA en Mendoza, “las primeras plantaciones se realizaron en los alrededores de las Sierras de Famatina, en La Rioja; posteriormente, se implantó en los Valles Calchaquíes, desde donde se difundió al resto de las regiones vitivinícolas”. 

Hoy, el Torrontés -junto con la Pedro Ximénez- es la variedad blanca más extendida en el país y, sin duda, un emblema de singularidad. 

En 1987 los vinos argentinos participaron en el Challenge Internacional del Vino y de las Artes (CIVART), Concurso Internacional de Vinos que se realizó en la ciudad de Bourg Sur Gironde, a 35 kilómetros al norte de Bordeaux, Francia. 

En este certamen los vinos argentinos ganaron cinco medallas de oro y el denominado “Oscar Vitivinícola” con el Torrontés -variedad hasta el momento considerada “de baja calidad enológica”- de la bodega riojana Nacarí.Aunque se remonta a la época de la conquista, su genealogía es reciente.

En 2003 Cecilia Agüero (Universidad de California, Davis), José Rodríguez y Liliana Martínez (Universidad Nacional de Cuyo) identificaron el origen del Torrontés Riojano.

“Como muchas otras uva criollas, la Torrontés Riojano se originó por el cruzamiento de variedades que trajeron los colonizadores XVI y luego los jesuitas, en el siglo XVII; de este cruzamiento se originó todo un abanico de uvas criollas: entre ellas el Torrontés Riojano y el Sanjuanino”, afirmó Simón Tornello, de la Agencia de Extensión Rural Calingasta del INTA San Juan. 

Desde Mendoza, Santiago Sari -de la Planta Piloto de Vinos del INTA Mendoza- precisó que “los padres del Torrontés son la variedad blanca Moscatel de Alejandría y la variedad tinta -llamada ‘uva negra’ durante mucho tiempo- Listán Prieto o Criolla Chica”.

“Torrontés Riojano y Torrontés Sanjuanino son hermanos fruto de ese cruzamiento; el Torrontés Mendocino nace de la Moscatel de Alejandría pero aún no se ha establecido el otro padre”, dice Gustavo Aliquo, del equipo de Recursos Genético de la Estación Experimental del INTA Mendoza.

“Existen descritas y reconocidas tres variedades de Torrontés, completamente diferentes entre ellas: el Torrontés Riojano, el Sanjuanino y el Mendocino; denominaciones que no hacen referencia al lugar donde se cultiva, ya que las tres pueden encontrarse en las diferentes zonas vitivinícolas de Argentina”, subraya Viviana Mitchel, de la Cooperativa La Riojana. 

Sari precisa que “el Sanjuanino y el Mendocino no presentan aptitud enológica” ya que los granos del racimo no son aromáticos; “la variedad utilizada para elaborar vinos es el Torrontés Riojano, que presenta gran plasticidad para obtener vinos de calidad y altamente aromáticos”, agrega Mitchel. 

El Torrontés Riojano representa alrededor del 4% del total de la superficie vitivinícola argentina, con unas 7.700 hectáreas registradas en 2019, según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).

La provincia de Mendoza tiene la mayor superficie de esta variedad: 3.474,5 hectáreas; le siguen La Rioja con poco más de 2.000 hectáreas; Salta tiene 915; San Juan, 816 hectáreas; Catamarca, casi 350 hectáreas; y hay pequeños viñedos de Torrontés en la Patagonia: 76 hectáreas en Río Negro y 12 hectáreas en Neuquén. 

En 2017, el INV advirtió que “la tendencia indica que la comercialización total de vinos varietales elaborados con Torrontés ha crecido en los últimos 10 años 18,5%”.

“En 2017, 37% de los vinos varietales elaborados con Torrontés se exportó y el 63% se comercializó en el mercado interno; se evidencia una tendencia creciente en las ventas de estos varietales hacia el mercado externo, con un incremento de 5,2% en los últimos 10 años, mientras que el volumen comercializado en el mercado local creció 28,1% respecto de 2008”, añade.

En 2018 -siempre según el INV- se despacharon 125.531 hectolitros de Torrontés Riojano al mercado interno, 7% del despacho total; y fue la cuarta variedad más exportada, con 54.241 hectolitros, por un valor FOB de a US$ 13,4 millones.

En 2017 los vinos varietales puros Torrontés se exportaron principalmente a Estados Unidos, seguido por Canadá, Suecia, Reino Unido y Alemania; en cortes, los principales destinos fueron Dinamarca, Suecia, Canadá y Reino Unido.

Agrónomos, enólogos y degustadores coinciden en que el Torrontés Riojano es una variedad muy plástica, que se ha adaptado muy bien a diferentes regiones -especialmente a las zonas más cálidas- y que permite obtener vinos tranquilos, dulce natural, espumantes, gasificados y cosecha tardía. 

“Es un vino con mucha intensidad aromática; sus descriptores recuerdan a los moscateles y la flor de azahar (flor de naranjo) es uno de los más típicos; aparecen también la flor de jacinto y la rosa”; y otros agregan “ruda, melón, pomelo rosado, banana, durazno, manzana verde, orégano, cáscara de naranja, miel y manzanilla”.

Para Sari, “los perfiles de los Torrontés Riojano de diferentes regiones de Argentina son distintos”; “los expertos en degustación aprecian diferencias entre los Torrontés Riojanos de las diferentes regiones: en general, los de Salta son más florales, en tanto que los de La Rioja son más frutales”, completa Mitchel.

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