“Cara sucia”, una vuelta a los orígenes

Los hermanos Héctor y Pablo Durigutti lanzaron “Cara sucia”, un vino fresco y fácil de  beber, que busca rescatar y revalorizar el ritual del vino desde lo cotidiano.

Con esta nueva línea, los enólogos buscan revalorizar las variedades olvidadas del Este de Mendoza, particularmente de Rivadavia, uno de los más relevantes terruños en términos productivos de la viticultura mendocina.“Nos propusimos volver a mirar el lugar del que venimos, Rivadavia, más precisamente Santa María de Oro, antes de instalarnos en Las Compuertas”, cuenta Héctor Durigutti.

“Así redescubrimos otras variedades entendiendo que no hay planta más noble y fruto más versátil que la vid, y decidimos elaborar como primer vino de ‘Cara sucia’ una Cereza, proveniente de un parral muy antiguo de la finca de nuestros primos”, completa.

Las uvas Cereza con la que se elaboró el vino son de un parral tradicional de 1940 en Santa María de Oro, Rivadavia.
Vinificado en huevos de cemento, parte con orujos y parte sin orujos como si fuera un blanco, es un vino de taninos amables, buena acidez y aromas que combinan frutas rojas como frutillas, rosas y hierbas secas.En botella borgoña, la etiqueta tiene una imagen de un camión Federal de 1947 que se usaba entre las viñas de Rivadavia, hoy en manos de los hermanos y en pleno proceso de restauración.“Las vides donde jugábamos de chicos son las que hoy nos permiten re conectar con un montón de momentos de nuestra infancia y recordarlos como únicos, irrepetibles”, dice Pablo Durigutti.
“Queremos que el consumidor vuelva a vivir el vino como parte fundamental de la mesa de los argentinos, como el olorcito a pan casero de nuestras madres y abuelas, o las tortitas para el mate”, agrega.”Cara sucia Cereza 2018″ se vende a un valor sugerido de $285.

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