Bonarda, la segunda variedad tinta en la Argentina
La variedad Bonarda es la segunda variedad tinta en superficie de la Argentina después del Malbec, y la tercera en superficie total cultivada.

Esta variedad llegó al país a través de las corrientes inmigratorias de fines del siglo XIX y tiene su origen en la región de Saboya, Francia, lindante con Italia.
También se la conoce con el nombre de Corbeau y en Estados Unidos se la identifica como Charbono, recordó el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).
En el país inicia su cultivo en la región de Cuyo, especialmente en Mendoza, San Juan y La Rioja. Se adapta bien a climas cálidos y secos, donde produce vinos con cuerpo y carácter.
En 2025 se registraron 16.360 ha de Bonarda, 8,3% del total de vid del país y 14,9% de las variedades tintas aptas para elaboración.
Es la 3º variedad en superficie total cultivada, y la 2º en variedades tintas, precedida por Malbec, precisó el INV.
La variedad Bonarda en Argentina se encuentra presente en 15 provincias, no obstante el 99% del total se concentra en Mendoza, San Juan y La Rioja, dejando solo 1% para el resto de las provincias.
Es el tercer varietal tinto más consumido en el país, por detrás de Malbec y Cabernet Sauvignon: En 2025 se comercializaron 98.235 hl de Bonarda puro y 52.287 hl de Bonarda en corte con otra variedad.
En tanto, durante 2025, las exportaciones argentinas de vino Bonarda alcanzaron un total de 13.478 hl (75,6% como varietal puro y 24,4% en cortes con otras variedades) por US$ 3.885.000.
Es fácilmente identificable en el viñedo por sus hojas típicamente extendidas como planchadas, de tamaño mediano a pequeño, muchas de ellas enteras y poco trilobadas, de color verde opaco.
De racimos medianos cilíndricos, bien llenos a compactos, fuertemente coloreados, sus bayas son medianas, esferoidales, de color negro azulado y de pulpa blanda.
De alta productividad, con rendimientos que pueden superar las 20 toneladas por hectárea, es susceptible a enfermedades como el oidio y la podredumbre gris, por lo que requiere un manejo adecuado del viñedo.
Esta variedad ha sido utilizada durante mucho tiempo en el país como base de vinos tintos por sus altos rendimientos por hectárea y su sobresaliente aporte de color.
Ante el descubrimiento de su potencial enológico, se reduce la producción por hectárea, logrando una calidad excepcional, por lo que comienza su desarrollo como varietal para elaborar vinos de alta calidad.
La uva tiene una piel muy fina y una cantidad alta de compuestos fenólicos, resultando vinos de color rojo rubí intenso, con tonalidades violáceas y púrpura.
Su aroma es intenso y suelen aparecer atractivas notas frutales de frutas rojas (frambuesa, frutillas, cassis o cerezas) y frutas negras (moras, ciruelas o arándanos).
Y, en boca, se caracterizan por sus taninos suaves que le otorgan un carácter elegante.